Vermudo II

Reino Periodo Predecesor Sucesor
León985-999Ramiro IIIAlfonso V
Vermudo II según una miniatura medieval de la Catedral de León

Vermudo II el Gotoso (¿?, h 956-comarca del Bierzo, León, 999). Hijo único y natural de Ordoño III de León (951-955) y de Elvira, una dama gallega o asturiana hija del conde Pelayo González y se educó casi en el anonimato en las propiedades patrimoniales de su familia, a caballo entre Asturias y Galicia, y casó h. 980 con Velasquita Ramírez, una dama emparentada quizá con los Banu Gómez de Carrión, o bien con el monarca leonés Ramiro II (931-951). No obstante, los sucesivos desastres bélicos que empañaron los últimos años del reinado de Ramiro III (966-985) ante el irresistible empuje del hayib andalusí Almanzor, y que culminaron en un primer momento con la derrota de Rueda (Valladolid) y el saqueo de la ciudad de Zamora (981), resultaron decisivos para su futuro.

El descontento frente al monarca que había cundido, de manera especial entre los magnates gallegos había tomado cuerpo suficiente para que aquéllos se decidieran a buscar un nuevo monarca; volvieron entonces sus ojos hacia el hijo natural de Ordoño III. De este modo, el 15-X-982 consagraron y entronizaron solemnemente en la catedral de Santiago de Compostela, a Vermudo Ordóñez como Vermudo II de Galicia y León. Fraccionado de facto el reino leonés, ambos monarcas se enfrentaron, en 983, en Portela de Arenas (¿Monterroso?, Lugo) con resultado indeciso, de ahí que durante un año cada uno de ellos gobernara en sus respectivos territorios de influencia.

En 984, Vermudo II logró, con la probable aquiescencia de los condes castellanos (los Banu Gómez de Carrión), apoderarse de León, obligando así a Ramiro III a refugiarse con sus últimos fieles en Astorga, donde murió de enfermedad natural (26-V-985). Antes, Vermudo II había concluido con Almanzor un acuerdo por el que el hayib enviaría tropas con las que el monarca leonés pensaba atajar el estado latente de guerra civil en su reino (los magnates leoneses no veían con buenos ojos al nuevo rey "gallego"), a cambio del pago de un fuerte tributo y de que estas se instalaran permanentemente en el reino; con ello se hacía efectiva más que nunca la sumisión del reino al califato andalusí.

Una vez asentado en el trono, Vermudo II decidió expulsar a estas tropas árabes del reino (986), lo que desembocó en una violenta reacción de Almanzor. En los dos años años siguientes, sendas aceifas enviadas por el hayib, con la colaboración más o menos encubierta de sectores de la nobleza castellana (Garci Gómez, conde de Saldaña; Gonzalo Bermúdez, conde de Luna) y gallega, arrasaron Coímbra (Portugal) en 987, y al año siguiente las ciudades de León y Zamora (de donde Vermudo II tuvo que huir y refugiarse en Galicia), tras lo cual buena parte del territorio leonés quedó bajo su control, a través de su aliado el conde de Saldaña.

Salamanca, Alba de Tormes o los monasterios de Eslonza y Sahagún también sufrieron saqueos. Entre 991 y 994 se abrió un paréntesis a raíz de diversas cuestiones de índole interna que afectaron al califato de Hisam II (976-1009, 1010-1013), tiempo que Vermudo II aprovechó para congraciarse con los condes castellanos —hacia 989 había repudiado a su esposa Velasquita, y en 993 casó en segundas nupcias con Elvira, hija del conde García I Fernández de Castilla (970-995)— y con el propio Almanzor, a quien entregó a su hija Teresa. No obstante, en 995 una nueva expedición andalusí se saldó con la toma de Astorga y la claudicación del monarca leonés.

Más tarde, en 997, esta vez con el apoyo de nobles gallegos y portugueses descontentos, Almanzor emprendió la operación de castigo más relevante de todo el Medievo; tras arrasar tierras portuguesas y gallegas, tomó y saqueó la ciudad de las santas peregrinaciones, Santiago de Compostela (10-VIII), el símbolo religioso-legitimista del reino leonés y, por ende, después de Roma, de toda la cristiandad. De nuevo, Vermudo II se vio obligado a pedir una tregua a Almanzor, poco antes de fallecer, aquejado de gota, en tierras del Bierzo.

En el orden interno, favoreció una nueva repoblación de las zonas fronterizas de su reino, que habían quedado sucesivamente despobladas debido a las continuas campañas andalusíes, mediante el sistema de libre pressura; así mismo, reinstauró el Fuero Juzgo y la legislación contenida en los concilios visigodos de Toledo. Le sucedió su único hijo, Alfonso, coronado como rey el 11-X-999, cuando contaba tan solo cinco años de edad y que reino como Alfonso V el Noble (999-1028). Su tutoría y la regencia del reino quedó encomendada a su madre, la reina Elvira, y al poderoso conde gallego Menendo González."

Varios autores, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XXII pág. 10698
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