Pedro I de Aragón

Reino Periodo Predecesor Sucesor
Aragón1094-1104Sancho I Alfonso INavarra1094-1104Sancho VAlfonso I
Retrato imaginario del rey Pedro I de Aragón

Pedro I, nació en Jaca (Huesca, hacia el 1070 y murió en el Valle de Arán (Lérida) el 27 ó 30-IX-1104. Rey de Aragón y de Navarra, hijo primogénito de Sancho IV Ramírez (1063-1094); Sancho V Ramírez de Navarra, 1076-1094 y de su primera esposa, una hija del conde de Urgel Armengol III el de Barbastro (1038-1066), de nombre seguramente Isabel. Hermanastro del infante Fernando y de los futuros reyes de Aragón Alfonso I el Batallador (1104-1134) y Ramiro II el Monje. (1134-1137). Fue asociado a las tareas de la Corona cuando su padre le otorgó el gobierno de los condados de Sobrarbe y Ribagorza (1085) y, tras conquistar la ciudad junto a su padre (1089), también el de Monzón (1090).

Por su condición de heredero colaboró activamente en la campañas de su padre, especialmente en las que le llevaron a hacerse con la posición del Castellar, en la frontera N. de la taifa de Zaragoza, y en la posterior ofensiva contra Huesca, donde pese a la ayuda prestada al gobernador de la ciudad por Alfonso VI de Castilla (1072-1109); de León (1065-1109), del que se había declarado tributario, y por el rey al Mustaín II de Zaragoza (1085-1110), consiguió sitiarla. A la muerte de su padre en 1094, mantuvo, ya como titular de la Corona, el asedio a la capital oscense durante dos años y medio, hasta que consiguió su rendición el 27-XI-1096, tras vencer a las tropas aliadas de al Mustaín II y del conde de Nájera García Ordoñez, que habían acudido en ayuda de los sitiados, en la batalla de Alcoraz (25-XI-1096), lo que dejaba prácticamente libre el acceso hasta las cercanías de Zaragoza.

De inmediato, Pedro I dio carta de poblamiento a la ciudad, dedicó la gran mezquita al culto cristiano, repartió casas y heredades entre los suyos y trasladó la sede episcopal de Jaca. La victoria le representó el reconocimiento de los privilegios que los pontífices Alejandro II (1061-1073) y Gregorio VII (1073-1085) habían concedido a su padre, en virtud de los cuales podía distribuir por capellanías o monasterios las rentas de los lugares conquistados al Islam. Este sería el origen del papel determinante de la Iglesia en la repoblación de los territorios aragoneses de nueva conquista, puesto que tanto el clero regular como el secular implantaron en las zonas conquistadas un universo de ritos, instituciones y formas de vida cotidiana que al repetir los usos y costumbres de las habitadas por cristianos viejos, unificaron ideológica y espiritualmente la totalidad del territorio.

Desde la nueva plaza fuerte de Huesca emprendió en 1099 la campaña de Barbastro, que tras la derrota musulmana en Bolea (X-1100) no tuvo más remedio que capitular (18-X-1100); con ella cayó también buena parte del somontano barbastrense. Pedro I le concedió un privilegio de población y el traslado a ella de la sede episcopal de la Roda de Isábena. En 1101 inició la campaña de Zaragoza, desde el puesto avanzado de Deus lo vol (actual Jusibol), aunque tuvo que desistir de tomar la plaza en el verano de aquel mismo año. Pedro I estableció además diversas alianzas que le permitieron la consolidación de su política exterior. Siendo todavía heredero de la corona, había intervenido activamente en el acercamiento de su padre al Cid. Influido por la opinión de los nobles y próceres asociados a la Corona sobre la necesidad de contar con un aliado de su prestigio, se entrevistaron ambos en 1094 en Burriana (Castellón), donde reafirmaron el pacto de alianza establecido en 1092, mediante el cual se comprometían a la defensa mutua ante posibles ataques enemigos. Esta alianza fructificó en 1097, cuando acudió en la ayuda del Cid y la defensa de su señorío valenciano ante la acometida almorávide.

En aquella campaña lograron las victorias de Peña Candiella (en la actual sierra de Benicadell), entre las provincias de Alicante y Valencia y, especialmente, de Bairén, en el camino de Albaida a Gandía (Valencia), sobre un numeroso contingente almorávide reforzado por naves que hostigaban desde el frente marítimo. La fuerte derrota infligida a los musulmanes acrecentó notablemente el prestigio de las tropas aragonesas. Posiblemente, de sus correrías por Valencia surgieron los señoríos que Pedro I mantuvo en la provincia de Castellón, y que se unieron al de Culla, que ya poseía desde la campaña infructuosa emprendida contra la plaza de Tortosa (Tarragona) en 1093; concretamente Mortonés, la propia Castellón y, más tarde, Oropesa, hasta su definitiva pérdida hacia 1093.

Ambos aliados se enfrentaron de nuevo a los musulmanes en territorio oscense cuando Pedro I recuperó, en 1101, Bolea y el enclave estratégico del castillo de Calasanz, y en 1104 cuando intentó la toma frustrada de la plaza de Tamarite de Litera. El monarca aragonés, que ya había acudido en apoyo de Alfonso VI de Castilla durante la defensa de Toledo frente a los almorávides —derrota cristiana en la batalla de Sagrajas (1086), participó junto al monarca castellano en una nueva derrota militar ante el poderío almorávide en Consuegra (Toledo, 1097), aunque la posterior retirada precipitada de aquéllos no hizo precisa su intervención en la batalla.

En política interior, Pedro I llevó a cabo una importante reorganización jurídica de sus dominios al unificar las diversas legislaciones locales en una única que incluía numerosas instituciones jurídicas. Así, de su reinado datan las primeras noticias de la existencia de un Justicia mayor de Aragón, así como la reglamentación del fuero de los infanzones. A su muerte, que algunos autores sitúan en el valle de Arán, otros en Huesca y otros durante el asedio a Tamarite de Litera, le sucedió en el trono su hermanastro Alfonso I el Batallador (1104-1134), puesto que su único hijo Pedro, habido, al igual que su hija Isabel, de su matrimonio (1086) con Inés de Aquitania, había fallecido pocos meses antes.

Su reinado debe contemplarse como la transición entre la política de expansión territorial de su padre Sancho IV Ramírez y la consolidación definitiva del reino llevada a cabo por su sucesor Alfonso I el Batallador. Pedro I fue un buen político que estableció fructíferas alianzas, un aliado leal que respetó escrupulosamente los extremos contemplados en los pactos que las sustentaban y un legislador que organizó el entramado necesario para la constitución jurídica del reino de Aragón. Fue enterrado en el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca).

Varios autores. Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XVI, págs. 7804-7805
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