| Reino | Periodo | Predecesor | Sucesor |
|---|---|---|---|
| León | 958-960 | Sancho I | Ramiro III |
Ordoño IV, el Malo, el Jorobado, Al jabit (inmoral, depravado). (?, 926-Córdoba, 962). Hijo de Alfonso IV el Monje, fue elegido rey por los nobles leoneses, que habían expulsado del trono a su primo Sancho I, obedeciendo probablemente a las sugestiones del conde castellano Fernán González. Pero Sancho consiguió, en una visita que hizo a Córdoba con su abuela la navarra Toda Aznar, que el califa Abderramán III le permitiera acompañar a la aceifa que, en la primavera del 959 atacó y tomó la ciudad de Zamora, una de las plazas fortificadas más importantes de la línea del Duero.
Con la ayuda de los musulmanes, Sancho recobró en poco tiempo casi todos los antiguos dominios, mientras que Ordoño tenía que huir sucesivamente a Asturias y Burgos, donde Fernán González había pronto de manejarlo como una prenda en sus disputas con León. Ya fuera expulsión o que trataba el conde castellano de suscitar problemas a Sancho, el hecho es que Fernán González hizo pasar a Ordoño la frontera musulmana por el lado de Medinaceli, donde Galib, en vista de sus deseos, y después de recibir instrucciones de Córdoba, lo acompañó hasta la capital andaluza. Un extenso relato de Ibn Hayyan nos ha conservado una pintoresca descripción, con rasgos caricaturescos, en lo que toca al pretendiente cristiano, de la solemne pompa y ceremonial que se desplegaron por parte de la corte de Al Hakam, en la entrevista que tuvo lugar en el palacio de Medinat-al-Zahara, en la que actuó de intérprete el juez de los cristianos de Córdoba. El califa, irritado con Sancho porque este no había cumplido las condiciones estipuladas en la paz firmada con su padre, estuvo muy benévolo con Ordoño, quien por su parte prodigó las más bajas adulaciones.
Las promesas se referían a una ayuda militar y la obediencia a las sugestiones que el califa cordobés le hiciera por medio de tres mozárabes que eran altos dignatarios de la corte de Al Hakam: el juez, el obispo de Córdoba y el metropolitano de Sevilla. Pero la habilidad maniobrera de Sancho, que supo hacer creer al califa que estaba pronto a aceptar las condiciones exigidas, y la misma muerte de Ordoño, que sobrevino de un modo oscuro, en Córdoba, en el mismo año de 962, dejaron sin efecto todos estos proyectos.