Juan I de Castilla

Reino Periodo Predecesor Sucesor
Castilla572-586Enrique IIEnrique III
La Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús.

Juan I, (1358-1390); (1379-1390). Destacó por la generosidad y por el amor hacia sus súbditos, y este matiz peculiar e inédito en la historia de los Trastámara, junto a la tenacidad administrativa de su padre Enrique II, formaron luego las preseas con que se ornaron los mejores de la dinastía, tanto en Castilla como en Aragón.

Aquellos rasgos explican la fecundidad del gobierno interior de Juan I, caracterizado por una íntima fusión entre el rey y el país, y, asimismo, la tenacidad del afecto popular que rodeó al monarca y que le permitió superar las más adversas y dolorosas peripecias de su reinado. Puede decirse que Juan I consolidó la obra de su padre e hincó fuertemente la dinastía Trastámara en Castilla más con el corazón que con la espada. Le fue esquiva la fortuna de las armas, y aprehendió la vida con la bondad de su espíritu.

La muerte de Enrique II en Santo Domingo de la Calzada el 29 de mayo de 1379 dio la corona de Castilla a su primogénito Juan, habido de doña Juana Manuel, nacido en Epila (Aragón) el 24 de agosto de 1358, y a la sazón de unos veinte años de edad. En 1375 se había casado con la infanta aragonesa Leonor. Fruto de este matrimonio fueron Enrique (el futuro Enrique III) y Fernando el de Antequera, luego rey de Aragón.

El nuevo monarca, cuya adscripción al mecanismo de las cortes castellanas se puso muy pronto de relieve, siguió en su política exterior los precedentes establecidos por su padre, e incluso estrechó la alianza con Francia. A tal fin en el problema del Cisma de Occidente, ante el cual su padre había practicado una política de neutralidad, se declaró Juan I partidario de la causa del antipapa de Aviñón, Clemente VII, al que reconoció en 1381 en Salamanca.

Al mismo tiempo, continuó prestando auxilio a Carlos V el Sabio, rey de Francia, en la Guerra de los Cien Años, de modo que en 1380 una escuadra cántabra realizó la proeza de remontar el Támesis hasta las inmediaciones de Londres, consiguiendo la supremacía naval castellana en el canal de la Mancha, supremacía reconocida por los ingleses en las treguas de Boulogne (1384). Sin embargo, esta política anti inglesa resultó en definitiva perjudicial para la causa de Juan I, pues buena parte de los conflictos con Portugal durante esta época fueron sustentados y avivados por la corte de Inglaterra.

Fernando I de Portugal, que ya en tiempos de Enrique II había reclamado la corona de Castilla, renovó sus pretensiones al subir al trono Juan I. Contenido por la treguas de 1380, buscó luego la alianza con Inglaterra, y, habiéndola obtenido, se lanzó a la lucha. Juan I se mostró agresivo, procurando llevar la iniciativa y obtuvo para la flota castellana, la victoria en la batalla de Saltes en 1381.

En 1382 la flota real castellana atacó Lisboa, y el 9 de agosto del mismo año don Fernando se inclinó a firmar paces (paz de Elvas) con Castilla. Después de un nuevo convenio en marzo de 1383, Juan I –viudo de su primera esposa–, casó con doña Beatriz de Portugal, hija y heredera del monarca de Portugal, con determinadas estipulaciones para evitar que este reino fuera anexionado al castellano.

La muerte de don Fernando, el 22 de octubre de 1383, indujo a Juan I a proclamarse rey de Portugal. Pero los portugueses no se mostraron partidarios del rey castellano, sino que aclamaron a Juan de Avís, hijo bastardo de Pedro I. El de Avís organizó la resistencia nacional contra Juan I de Castilla, a quien la reina gobernadora doña Leonor, entregó el gobierno el 12 de enero de 1384 en Santarém.

Aquel mismo año los castellanos sufrían dos graves descalabros: una derrota campal en Atoleiros y el levantamiento del sitio de Lisboa a causa de la peste que diezmo las filas de las huestes de Juan I. Éste no cejó en sus propósitos, a pesar de que la voluntad de Portugal se afirmó con la coronación del bastardo de Avís el 6 de abril de 1385.

Con un lucido ejército penetró en tierras portuguesas por la frontera extremeña, pero sufrió un irreparable desastre, la oposición, cristalizada en torno al de Avís, asentada en la potencia de la burguesía marítima lusitana, y auxiliada por los arqueros ingleses, derrotó al monarca castellano en la decisiva batalla de Aljubarrota el 15 de agosto de 1385.

Inglaterra aprovechó la oportunidad para desembarcar en las costas gallegas al duque de Lancáster, Juan de Gante, hijo de Eduardo III de Inglaterra, otro de los que reclamaban los derechos al trono de Castilla, esta vez para su esposa doña Constanza, segunda hija de Pedro I el Cruel y de María de Padilla. Juan de Gante se apoderó de Santiago y concertó una alianza con el de Avís (1386). Al año siguiente intentó pasar a la Meseta; rechazado en Benavente, cobró Valderas, Villalpando y otros lugares.

Pero su tentativa era muy arriesgada, por lo que no hallando ambiente para su causa, concertó con Juan I el tratado del Troncoso (1387), por el que se ponía fin a la cuestión dinástica con el enlace del heredero de Castilla con la infanta Catalina, hija del duque de Lancaster y depositaria de los derechos de Pedro I el Cruel.

Poco después se firmaba una tregua de seis años con Portugal. Las cortes castellanas ratificaron estas decisiones. Al finalizar las de Guadalajara, Juan I halló la muerte en Alcalá de Henares, a consecuencia de una caída de caballo, el 9 de octubre de 1390.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. II
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