Guerra de las Germanías. Enfrentamiento bélico desarrollado en el reino de Valencia y en Mallorca (Baleares), entre 1519-1523, entre las corporaciones gremiales hermanadas (agermanadas) y el estamento nobiliario, apoyado por los representantes de la Corona. A principios del s. XVI la ciudad de Valencia se había erigido, arrebatando esta condición a Barcelona, en el más importante puerto comercial del reino de Aragón e, incluso, de la Península. El rápido crecimiento económico determinó un aumento del número de personas ocupadas en actividades artesanales o profesionales, pero también evidenció el desfase de las formas jurídicas utilizadas por la aristocracia y la burguesía ennoblecida para preservar su hegemonía en la representación municipal. Cuando Fernando el Católico (1479-1516) permitió a los artesanos encuadrarse en agrupaciones armadas -las parroquias- para la defensa de las costas valencianas contra las frecuentes incursiones de los piratas berberiscos, sentó las bases para que las clases medias urbanas trataran de modificar a su favor el tradicional equilibrio político-social.
El proceso culminó en 1519 con motivo de una grave epidemia de peste que provocó la muerte de unas veinte mil personas en todo el reino, así como la huida de su capital de la nobleza, de las autoridades municipales e, incluso, del virrey Cavanilles. Los tres gremios más importantes de la ciudad -zapateros, cardadores y velluteros- se unieron en una hermandad o germanía para afrontar la situación y enviaron a sus representantes -Joan Llorens, Guillem Sorolla y Joan Caro- a Barcelona para conseguir de Carlos I (1516-1556) su reconocimiento legal (4 de noviembre). El monarca ultimaba sus preparativos para asistir en Alemania a su coronación imperial, pero antes debía jurar como rey de España ante las Cortes valencianas, requisito que ya había cumplido ante las catalanas, conforme a lo dispuesto por la tradición foral. Como las Cortes valencianas rechazaban su juramento in absentia, que él solicitaba para apresurar su partida, Carlos I apoyó a los gremios en sus reivindicaciones contra la nobleza y accedió a ampliar su participación en el poder municipal, modificando el sistema de elección de los jurados.
El 31-1-1519 en Fraga (Huesca), donde se había detenido la comitiva real en su viaje hacia La Coruña, dictó órdenes para que las germanías pudieran nombrar trece síndicos en representación de otros tantos gremios. Un año después, el 24-1-1520, desfilaron ocho mil infantes armados e integrados en cuarenta banderas ante el cardenal Adriano de Utrecht, quien fracasó de nuevo en su intento por convencer a la nobleza valenciana de que jurara a Carlos I en su ausencia.
Este, sin embargo, preocupado por la extensión del movimiento comunero, trató de reconducir la situación antes de embarcar hacia Alemania (10-IV-1520) nombrando nuevo virrey de Valencia a Diego Hurtado de Mendoza, conde de Mélito, compañero de El Gran Capitán en las campañas de Italia. Además, como pretendía el estamento nobiliario, revocó sus órdenes anteriores, destituyó a los síndicos organizados en la Junta de los Trece y restableció el sistema defensivo de las decenas, las cuales sólo podían armarse en caso de extremo peligro. El 21-V-1520 entró Hurtado de Mendoza en Valencia, pero cinco días después la elección de jurados mostró la fuerza que había adquirido el movimiento popular. En contra de la Cédula Real del 10 de mayo exigieron los agermanados, con mayoría entre los 117 consejeros como resultado del absentismo nobiliario, la elección de dos de los seis jurados del concejo, que se produjo con amplio respaldo popular.
La huida del virrey a Xàtiva (6 de junio) y posteriormente a Denia, cuyo puerto le permitiría escapar en caso necesario, provocó la generalización de un conflicto esencialmente social, que enfrentó a las clases medias urbanas con la aristocracia y los caballeros, generalmente burgueses enriquecidos. A la desigualdad jurídica -los artesanos se regían por los fueros catalanes, los nobles por los aragoneses- se sumó en el movimiento gremial una corriente de redención y puritanismo que denunciaba la decadencia moral de los privilegiados. Las cuestiones económicas y religiosas se confundieron, asimismo, en la competencia con los numerosos mudéjares que trabajaban en el campo valenciano y sobre los cuales se fundaba gran parte del poder señorial.
Las conversiones forzadas y las persecuciones en los territorios controlados por los agermanados -como la masacre de Alcalá de Chivert (30-VI-1521)- decidieron a los mudéjares y moriscos por la causa aristocrática, que reclutó entre ellos las tropas necesarias para oponerse a la insurrección. Si ésta triunfaba en las ciudades del litoral, con predominio de las actividades mercantiles, la nobleza encontraba sus principales apoyos en las zonas más intensamente sometidas al régimen señorial, entre los vasallos del duque de Segorbe en el Maestrazgo y los del duque de Gandía en las comarcas meridionales.
En pocos meses los rebeldes se impusieron en Xàtiva (24-VII-1520), Elche, Alzira, Liria y Orihuela, al S. del reino, y al N., en Castellón y Benicarló, mientras en Valencia la Junta de los Trece procedía a confiscar todas las propiedades y rentas reales. Se iniciaron, además, contactos con los comuneros de Murcia y, el 7- II-1521, la rebelión de las germanías pasó a Mallorca, bajo la dirección del mercader de paños Juan Crespí. El 8-III-1521 se recibió en Palma de Mallorca una copia de las ordenanzas conforme a las cuales se había organizado la germanía de Valencia y, según este modelo, se formó una Junta de los Trece con participación de artesanos y miembros de la clase media, como boticarios, cirujanos o notarios.
El representante de la Corona en la isla, el aragonés Miguel de Gurrea, hubo de refugiarse en el palacio real y luego embarcar hacia Ibiza. Los agermanados eligieron para substituirle al caballero Pedro de Pachs, pero cuando este rehusó el nombramiento fue asesinado, asaltado el castillo de Bellver, del que era alcaide, y muertos todos sus defensores. En Valencia, mientras tanto, fracasaron las negociaciones desarrolladas en nombre del emperador por el micer Garcés -desde 1520- y por el secretario Juan González de Villa -entre IX-1520 y IV-1521-, de manera que Carlos I declaró ilegales las germanías el 30-III- 1521. En junio la Junta de los Trece declaró la guerra a Hurtado de Mendoza, que, en Denia, había conseguido reunir 2.200 infantes -gran parte de ellos mudéjares- y 400 caballeros. Derrotado en la batalla de Gandía (25-VII-1521) por las huestes agermanadas al mando del pañero Vicent Peris, el virrey embarcó en Denia para dirigirse a la plaza fuerte de Peñíscola, cuartel general del ejército del duque de Segorbe, que, durante ese mes, había reconquistado las ciudades de Castellón, Oropesa y Villarreal.
El final de la Guerra de las Comunidades en Castilla, las victorias militares obtenidas en Murcia y Orihuela (30-VIII-1521) por las tropas que el marqués de Vélez había reclutado en Andalucía y las negociaciones desarrolladas en Valencia por Rodrigo de Mendoza, hermano del virrey y marqués de Cenete, con la Junta de los Trece, determinaron que esta aceptara finalmente las condiciones de rendición señaladas por el virrey el 31 de octubre, que incluían un perdón general. Vicent Peris y sus partidarios todavía resistieron durante el invierno en Alzira y Xàtiva, donde retenían como prisionero a Fernando de Aragón, duque de Calabria, cuya fidelidad recompensó luego el emperador (1526) concediéndole en matrimonio a Germana de Foix y nombrándole virrey de Valencia. El 3-III-1522 Peris logró entrar de nuevo en Valencia, pero fue derrotado en el interior de la ciudad y ejecutado, en el primer episodio de la cruenta represión emprendida desde el día 27 de ese mes, por los nuevos virreyes, Germana de Foix y su segundo marido, Juan de Brandeburgo.
Pasó entonces a dirigir las germanías un converso, conocido como El Encubierto, que decía ser el príncipe Juan, el hijo de los Reyes Católicos que había muerto a las pocas horas de su nacimiento. Tras su asesinato (18-V-1522), todavía pasa- ron varios meses hasta la rendición de Xàtiva (5-XII) y de Alzira, varios días después, últimos acontecimientos de una contienda que había provocado la muerte de unas doce mil personas. El 30 de octubre Carlos I promulgó instrucciones precisas para castigar a los principales responsables de la insurrección (800 fueron ejecutados).
En enero de 1524 comenzaron a aplicarse los castigos pecuniarios, en virtud de los cuales los gremios de velluteros, cardadores y tejedores debían pagar 8.000, 5.000 y 3.000 ducados en cuatro años, respectivamente. Las poblaciones de Valencia, Xàtiva y Alzira hubieron de satisfacer multas por valor de 200.000, 35.000 y 12.000 ducados, respectivamente, mientras que entre los culpables muchos debieron responder a las instancias judiciales con cuantiosas sumas de dinero, caso de mosén Monfort, quien abonó 12.000 ducados para evitar su descuartizamiento. En Mallorca el movimiento agermanado, también denominado conflicto entre ciudadanos y forenses, siguió un desarrollo paralelo. En 1521 toda la isla, incluidas las ciudades de Pollença, Sóller y Valldemosa, se habían unido a la rebelión y sólo Alcudia, notable plaza amurallada, resistía gracias a la afluencia de numerosos nobles y a las provisiones que recibía por mar desde Menorca. La presencia de la flota genovesa de Andrea Doria, entonces al servicio de Francia, en la bahía de Palma de Mallorca evidenció la posibilidad de que los agermanados solicitaran ayuda extranjera, amenaza que decidió al emperador, de nuevo en España (julio de 1522), a enviar una expedición contra la isla. En agosto cuatro galeras con 800 soldados se sumaron a las tropas reclutadas por el gobernador en Ibiza, con las cuales este desembarcó en Alcudia y comenzó la reconquista de Mallorca. Sin embargo, el avance se produjo con lentitud y hasta diciembre no pudo establecerse el asedio sobre la capital, que resistió tres meses hasta su rendición el 8-III-1523.
La represión de las germanías mallorquinas se produjo con menor amplitud e intensidad que en el caso valenciano, y solo afectó a sus caudillos más destacados. Supuso la última de las graves alteraciones producidas en la Península, durante los primeros años del reinado de Carlos I, como consecuencia de la crisis experimentada en la estructura socioeconómica medieval por la emergencia de nuevas clases sociales y la constitución de España como un Estado moderno.
Recibe el nombre de Segunda Germanía un movimiento campesino, de carácter antinobiliario, desarrollado en el señorío de la Gobernación de Xàtiva (Valencia) en 1693. Sus causas más remotas se encontraban en la expulsión de los moriscos (1609-1610) y la repoblación de las tierras hasta entonces ocupadas por estos con cristianos viejos, en difíciles condiciones y bajo un creciente aumento de las rentas señoriales. A partir de enero de 1693 los campesinos -apoyados por el clero rural y con la intervención de síndicos, notarios y abogados- trataron de gestionar sus peticiones ante la Corona. Desestimadas sus reivindicaciones, se negaron a pagar las rentas señoriales en la proporción acostumbrada, lo que motivó el encarcelamiento de cuatro vasallos del duque de Gandía por orden del baile (9 de julio). El movimiento de protesta se generalizó a partir de ese momento, dirigido políticamente por Francisco García y militarmente por José Navarro, cirujano de Muro de Alcoy, quien tomó el título de General del Exèrcit dels Agermats. El día 15 de ese mes los agermanados fueron vencidos en Setla de Nunyes por las tropas de Buenaventura Ferrer Ferrer, lugarteniente del General Gobernador de Xàtiva, tras lo cual muchos de ellos se refugiaron en las zonas montañosas. A pesar de que el virrey Castel Rodrigo se comprometió a tratar sus reclamaciones por los cauces jurídicos establecidos, el movimiento campesino no desapareció hasta el 1-III- 1694, tras la ejecución de José Navarro.