Al Ándalus

Dominio de los Almorávides

El imperio almorávide reinó sobre Marruecos, Mauritania, Senegal, parte de España y Portugal y el oeste de Argelia hasta 1147.

  • Yusuf ibn Tasufin
    Primer emir de la dinastía bereber de los almorávides.
  • Alí Yusuf Tasufin
    Hijo de Yusuf b. Tasufin y de una esclava cristiana, acaso española, de nombre Qamar (Luna)
  • Tasufin Alí
    Proclamado emir de los musulmanes tras la muerte de su padre, Tasufin fue el tercer y último emir almorávide de Al Ándalus.
Primeras intervenciones almorávides en Al-Ándalus (1086-1090)
Alfaquí con discípulos

Los almorávides llegaron a la Península Ibérica por primera vez en el verano de 1086, con casi medio siglo de historia magrebí́. Esta primera intervención tuvo como objetivo ayudar a los reinos de taifas contra las conquistas y presión económica de Alfonso VI de León y Castilla.

Unificación del Occidente islámico

A partir de septiembre de 1090, los almorávides comenzaron a conquistar las taifas, iniciando un periodo de intervención magrebí en Al-Ándalus que se prolongaría con los almohades (siglo XII-XIII) y benimerines (siglos XIII-XIV). Este proceso logró la reunificación política del Occidente islámico bajo un estado centralizado desde el norte de África.

Fundamentos ideológicos almorávides

El movimiento almorávide se basó en:

  • Aplicación rigurosa de la ortodoxia islámica
  • Protagonismo de grupos bereberes saharianos
  • Recuperación del malikismo puro como doctrina unificadora
Crisis del sistema almorávide (siglo XII)

Desde comienzos del siglo XII, aparecieron agitaciones contra el poder almorávide, manifestadas a través de:

  • Reacciones religiosas con reivindicaciones políticas
  • Motivaciones sociales y económicas
  • Incapacidad de mantener la unidad doctrinal
Rebelión de las segundas taifas (1144-1171)

Con la caída de los almorávides se formaron nuevos reinos de taifa, destacando:

Algarve

Abencasi lideró en 1144 la secta de los sufíes moridin, tomando Mértola, Silves y Évora. Tras conflictos internos, pidió ayuda a los almohades, quienes finalmente se apoderaron de la región en 1151.

Córdoba

Abenhamdin se sublevó en 1144, siendo reconocido por varios señores musulmanes. Tras conflictos con Abengania (gobernador almorávide de Valencia), la ciudad cayó en poder de los almohades en 1148.

Granada

Zafadola tomó el control en 1145 pero no pudo mantenerlo frente a los almorávides, retirándose a Murcia. Granada permaneció fiel a los almorávides hasta su entrega a los almohades en 1154.

Murcia y Valencia

Bajo el liderazgo de Abenmerdanix (el Rey Lobo), estas regiones formaron el principal bastión anti-almohade hasta 1171, cuando tras su muerte su familia se sometió al nuevo poder.

Baleares

Tras el periodo almorávide (1114-1146), Mallorca tuvo varios gobernantes independientes como Ishac (notorio pirata) hasta su conquista definitiva por los almohades en 1202.

Fuente: Viguera Molins, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo VIII, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, T. 21 págs. 916-917 y Deepseek 21:45 20/05/2025

Yusuf ibn Tasufin 1062-1106

Emir almorávide

En abril-mayo de 1071 el emir de los almorávides Abu Bakr puso las bases para la trascendental fundación de Marrakech, la capital, dando así un definitivo carácter sedentario al Estado almorávide, redondeado con la construcción del alcázar soberano Qasr al hayar, con toda la proyección política de un hecho así, y cuyos muros estaban ya en pie en julio de ese mismo año 1071. Poco después, en septiembre de ese año, el emir Abu Bakr nombró a Yusuf Ibn Tasufin lugarteniente suyo, mientras él tornaba al Sáhara. Yusuf aprovechó este mandato para enraizar su poder, disponiendo la necesaria estructura administrativa y militar, pues, como nos indica el mismo Ibn Idari, compró entonces esclavos negros y envió una delegación a Al Ándalus para traer mercenarios cristianos, dando a todos caballos, es decir, dotándose de caballería; impuso también a los Judíos de su territorio una grave contribución, para hacer frente a sus proyectos estatales; y se rodeó de una mayor pompa oficial.

Por entonces, hacia 1072-73, regresó a Marrakech, junto a él, su primo Abu Bakr, y, viéndole tan instalado en el poder, temiendo que se lo arrancaría por la fuerza, se lo cedió. Yusuf pasó a ser el emir de los almorávides. Su expansión territorial progresa hacia el centro y luego hacia en norte del Magreb: Fez, que fue atacada en 1063 y tomada definitivamente a los magrawa en 1070.

El primer desembarco

Asegurados los almorávides en el litoral mediterráneo del Magreb, además de en su continuación atlántica, tras su toma de Ceuta, pertinaz resistente hasta 1083-84, los acontecimientos se precipitaron en Al Ándalus. Ya vimos como allí se iba formando la idea de pedirles socorro, como llegó a llamárseles para asuntos locales, que no atendieron, y como se decidió conjuntamente, tras la caída de Toledo en poder de Alfonso VI, enviar una delegación oficial, encabezada por caídes de las taifas de Badajoz, Granada y Sevilla, más el representativo caíd de Córdoba, y el visir sevillano Ibn Zaydun, quizá también el secretario Ibn Qasira.

Este algo mayor protagonismo sevillano, en sus relaciones con los almorávides, tenía sobre todo el motivo de la extensión de esta taifa por el litoral y los puertos frente al Estrecho, desde los cuales habían incluso colaborado con la nueva dinastía magrebí en tomar Ceuta, aunque las fuentes discrepen en fijar la amplitud de este apoyo: Ibn Bassam y Mafajir al barbar mencionan una sola gran nave, enviada por Mutamid Abbad a comerciar con Tánger, y prestada al emir almorávide, mientras Ibn Jaldun refiere como el puerto ceutí fue hostigado por la escuadra sevillana.

Aquella embajada andalusí, oficial y conjunta, acordó con el emir almorávide su apoyo militar, y que vendría a Al Ándalus para cumplir la guerra santa, solo para defenderlo de los ataques cristianos, y sobre todo de Alfonso VI, pues nada podían contra él los taifas, degradados en su situación estatal, militar y económica. Quedaría claro que el emir almorávide no conquistaría las taifas, y estas aceptaron sus condiciones, incluso la de entregarle Algeciras como sede de su desembarco. Pero las relaciones entre taifas y almorávides parecen siempre establecerse en términos confusos, llenos de recelos, que bien se muestran en al Hulal al mawsiyya, aunque agrandados por una exaltación que no tapa del todo el fondo real de las tensiones entre andalusíes y magrebíes.

Así Yusuf Tasufin, advertido por su secretario almeriense Ibn Asbat sobre la versatilidad de los reyes de taifas, adelantó su desembarco en Algeciras, en junio de 1086, antes de que al Mutamid de Sevilla hubiera preparado entregársela.

En septiembre cruzó Yusuf Tasufin el Estrecho, encaminándose a Sevilla, saliendo a recibirle obsequiosos los reyes de esta taifa y de Badajoz. El almorávide convocó a su campaña a los andalusíes, que le salían al paso, alborozados. Las tropas musulmanas de almorávides y de los sevillanos, con participación de taifas meridionales (con sus reyes a la cabeza: Abdallah de Granada y su hermano Tamim de Málaga, excusándose Abu Yahya Muhammad de Almería, pero enviando a su hijo; y muchos arráeces de plazas menores, y soldados y voluntarios) subieron hacia Badajoz, por donde Alfonso VI también avanzaba, y había logrado tomar el fuerte enclave de Coria en 1079. A contener tamaño ejército acudió Alfonso VI, y hubo intercambio de misivas para fijar el día de la batalla.

Se dio el viernes 23-X-1086. Mutamid de Sevilla recibió la primera acometida castellana y ya flaqueaba cuando fue auxiliado por magrebíes al mando de Dabud A´isa. La contra carga almorávide, dirigida por el propio emir Yusuf, decidió la victoria, cuyo parte dio el mismo, alborozado, en carta conservada, al soberano zirí (otro sinhaya como él) de Ifriqiya, la otra gran potencia magrebí extendida por el actual Túnez, dándole su interesantísima interpretación del evento, pero sobre todo justificando su intervención en Al Ándalus, que de tal modo podía influir en la situación internacional.

La carta acaba explicando como Yusuf volvió a Sevilla capital de Mutamid Abbad, y allí pasamos unos días, marchándonos de su lado y despidiéndonos de él, pero no con adiós definitivo. La batalla se dio en la comarca fahs de al Zallaqa, como precisa Ibn Simak en al Hulal Al mawsiyya, entre los actuales topónimos de Azagala y Sagrajas (Zallaqa), al norte de Badajoz. Es interesante notar que Ibn Jaqan jamás aplica ese nombre, sino que llama a la victoria La jornada del viernes (yawm / Al aruba). Es típica la exaltación de algunas fuentes al contar un desquite así para los musulmanes, aumentando de forma inverosímil la cantidad de combatientes enemigos, que el Rawd Al Quirtas sube hasta 80.000 jinetes y 200.000 peones.

El segundo desembarco

Tras su éxito, regresó Yusuf Tasufin al Magreb, donde entre tanto había ocurrido la muerte de su heredero Sir. En Al Ándalus dejó un escuadrón de tres mil caballeros. Pronto se rehicieron los cristianos, y volvieron con sus exigencias de parias, y con sus incursiones, ahora por el Levante, donde, alrededor de Valencia, operará a su antojo el Cid desde 1087, y por tierras de Murcia, donde los castellanos instalaron una cuña en el castillo de Aledo, desde el cual, y en connivencia encubierta con el gobernador murciano Ibn Rasiq (que buscaba contrapesar el expansionismo de Sevilla de Mutamid Abbad), asolaban los alrededores.

Una delegación de Valencia, Murcia, Lorca y Baza, y también de Sevilla, otra vez fueron a llamar al emir almorávide, que volvió a desembarcar en Algeciras mediado junio de 1088. Volvió Yusuf Tasufin a convocar a los andalusíes para la guerra santa contra Aledo y volvieron a presentase con sus mejores halagos e impedimenta, como la curiosa máquina de asedio en forma de elefante, que trajeron de Almería, según cuenta el emir Abdallah en sus Memorias.

Los musulmanes no lograron ganar Aledo, solo consiguieron que los cristianos lo evacuaran, tras incendiarlo. El fracaso puso de manifiesto todos los males de la situación taifa: sus divisiones y rencillas, sus cortos intereses que les hacían oscilar entre los almorávides y Alfonso VI, pues, nada más volver Yusuf Tasufin al Magreb, en noviembre de 1088, los reyes de Granada y Sevilla, quizá también de Badajoz, volvieron a sus componendas con el rey castellano.

Esta vez el emir envió dos columnas a Valencia, la primera de unos 4.000 jinetes, según crónicas árabes que procuran abultar su número, y la segunda al mando del príncipe Muhammad Tasufin. Desde entonces, hasta la tercera venida de Yusuf Tasufin a la Península, pasan dos años, y durante ellos se agrava la crisis taifa. Los andalusíes reclaman contra la ilegitimidad de sus reyes, sus impuesto extra-legales, y, apoyado por dictámenes jurídicos o fetuas que reprochan a los taifas sus transgresiones, el emir almorávide decide conquistar Al Ándalus.

Entre los textos emitidos a favor de Yusuf Tasufin sea soberano en lugar de las taifas conocemos un bloque documental sobre el que volveremos enseguida, algo posterior a dictámenes previos, emitidos tanto en Al Ándalus como en el Magreb, y sin los cuales el recto emir no dio el paso de destituir a los taifas. Ese aludido bloque documental, interesantísimo, fue reproducido en la Rihla del caíd sevillano Ibn al Arabi, y contiene los siguientes textos.

Petición del ulema sevillano Abu Muhannad al Arabi (Alejandría, en 1099, cuando regresaba a Al Ándalus de su viaje por Oriente) al califa abbasí de Bagdad, al Mustazhir, para obtener su reconocimiento a favor de Yusuf Tasufin como soberano de Al Ándalus, con el título de emir de los musulmanes y el epíteto de defensor de la Fe, acta del citado califa, fechada en 1098, reconociendo todo eso al emir almorávide, acta, en el mismo sentido, del visir abbasí Ibn Yahir; petición del ulema sevillano al eminente ulema oriental al Gazali de una fetua, -fatua, dictamen jurídico- en pro de la intervención de Yusuf Tasufin en Al Ándalus; fetua de al Gazali a favor de esta intervención; carta de al Gazali abundando en los argumentos de su fetua; carta del ulema andalusí, afincado en Alejandría, al Turtusi, exhortando al emir Yusuf al buen gobierno

Estos textos califican de ilegales a los reyes de taifas, fomentadores de la desunión, que recurrían a los cristianos, y así cedían ante ellos, mientras que al emir almorávide lo presentan como salvador y como servidor y representante legal del califa abbasí, y por él legitimado. Como indicaba al Gazali en su carta: Todo rebelde de verdad, con la espada ha de ser llevado a la verdad. Y así, Yusuf Tasufin tornó con sus ejércitos a la Península por tercera vez, a principios del verano del 1090, dispuesto a conquistar Al Ándalus.

El fin de las taifas

El atractivo de su propuesta religiosa, de su capacidad de combate por la guerra santa, su rigor impositivo en los límites de la ley, su legalismo en todo, su austera ortodoxia, en escandaloso contraste con la imagen y acciones de los reyes de taifas, decidió el cambio de actitud de Yusuf Tasufin, cuyo tercer desembarco tuvo el resuelto empeño de acabar con las taifas, animado por los ofrecimientos de entregarle sus tierras que recibía de los andalusíes de todas partes.

Así, por iniciativa propia, cruzó con sus ejércitos a la Península en el verano de 1090. En septiembre depuso al rey taifa de Granada, mientras los reyes de Sevilla y Badajoz le felicitaban por ello: el propio emir Abdallah, incapaz de resistir, detalla todo esto en sus Memorias: Yusuf avanzó sobre Granada, donde la población le esperaba entusiasmada, y Abdallah salió a entregarle el poder el domingo 8-IX-1090.

Un mes después, los almorávides ocuparon la taifa de Málaga, en parecidas circunstancias. Ambos reyes hermanos, Abdallah y Tamim, de origen beréber sinhayí como también era el emir almorávide, tratados con bastante miramiento, fueron deportados al Magreb, a donde regresó también el emir almorávide, dejando a su sobrino Sir Abi Bakr al frente de sus nuevos territorios y de los siguientes proyectos de conquista, realizados con planificación militar excelente.

Tarifa fue ocupada por los almorávides en diciembre de 1090. El cuerpo principal de sus ejércitos, mandado por Sir, fue sobre Sevilla, mientras otra sección, mandada por Muhammad Hayy, iba sobre Córdoba; otra, bajo las órdenes de Abu Zakariyyza Wanisu, atacaba Almería, y un destacamento, dirigido por Garrur, fue sobre Ronda. Tres de estos objetivos (la capital, Córdoba y Ronda) eran de la taifa sevillana. Córdoba cayó el 27-III-1091.

Antes de acabar aquel año, la dinastía taifa de Almería se embarcó hacia territorios de los hammudíes. Siguen avanzando por tierras levantinas, donde no deben enfrentarse tanto a las resistencias andalusíes como a los cristianos que las algarean, y que quizá habían reocupado Aledo, pues Ibn al Abbar llama conquistador de Aledo al caíd Ibn A´isa, que dirige estas operaciones, y a quien el gobernador de Lorca le entrega esta plaza; en junio de ese mismo año 1091 entra en Murcia, y pronto, en 1092, Denia y Játiva le abren las puertas. Más al norte, el Cid detendrá su avance durante unos años, aunque Ibn A´isa envió tropas que lograron entrar en la acosada Valencia en 1092. Este destacamento fue obligado por el Cid a retirarse de allí en septiembre de 1093, mientras apretaba su cerco, hasta conseguir apoderarse de la ciudad el 15-VI-1094.

Entretanto, los almorávides continuaban su progresión. Por el centro ocuparon Jaén, y por el oeste todo el territorio taifa sevillano, que comprendía el Algarve, pero dejaron momentáneamente a los Banu l-Aftas en su taifa de Badajoz, pues les venían ayudando, incluso parece que a tomar Sevilla. Pero el rey de esa taifa, al Umar al Mutawakkil, para asegurarse más, pactó a la vez con Alfonso VI, cediéndole Santarem, Lisboa y Cintra, y contra él fueron las tropas almorávides, mandadas por Sir, y conquistaron la taifa, llegando hasta Lisboa en noviembre de 1094. Ya vimos la severa venganza almorávide, ejecutando a varios Bani I-Aftas.

Siguieron subiendo los almorávides por el este en cuanto lograron ocupar la simbólica Valencia el 5-V-1102. La crónica principal de estos sucesos, al Bayan al mugrib, expone cuánto costó conquistarla, pues el mismo Yusuf Tasufin, instalado en Ceuta, controlaba el paso de un nuevo ejército de Levante, llegado a la Península en septiembre de 1094, y al poco derrotado por el Cid en Cuart de Poblet. Varios caídes almorávides fracasaron ante la plaza, y al fin, muerto el Cid en 1099, aún tardó tres años en lograrla el emir Mazdali.

Cortados hasta entonces por Levante, otra de las obsesiones de Yusuf Tasufin había sido el centro peninsular, y viniendo a la Península por cuarta vez, en 1097, preparó una expedición por tierras toledanas, ganando la batalla de Consuegra, el 15-VIII-aquel año, pero por allí no podía abrirse paso hacia la Marca Superior, donde resistían las taifas de Albarracín y Alpuente, más las del valle del Ebro, con capitales en Zaragoza, y Lérida-Tortosa.

Solo tras conquistar Valencia pudieron los almorávides alcanzarlas: Alpuente y Albarracín (en abril de 1104), y, ya en tiempos del segundo emir almorávide de Al Ándalus, Zaragoza (en mayo de 1010). Es imprecisa su conquista de Lérida y Tortosa, pero en 1114, según al Bayan al mugrib, los almorávides tomaron y desmantelaron Tarragona. Las Baleares no fueron ocupadas por los almorávides sino a finales de 1116, después del ataque pisano-catalán que desde finales de 1113 venía hostigando aquellas islas.

Final y balance del emirato

Al genio militar y administrativo de Yusuf Tasufin se debe la fundación y consolidación del imperio almorávide, que en su tiempo no solo alcanza prácticamente su plena extensión (a falta del valle del Ebro y las Baleares), sino que establece su consciente organización, eficaz en todo este periodo inicial, girando alrededor de su fuerza militar, y dirigiendo también los grandes caídes -próximos familiares, contríbulos o de tribus muy afines del emir Yusuf- la gobernación territorial; a ese círculo cercano pertenecen también los visires.

Sin embargo los secretarios fueron andalusíes, pues cuando los almorávides incorporan Al Ándalus la mayoría de sus letrados se les unen. Antes Yusuf había logrado reclutar para su servicio en el Magreb uno solo de esta procedencia, el almeriense Abderramám Asbat. La máquina administrativa así lograda parece funcionar plena y eficazmente en todo este emirato de Yusuf Tasufin, como lo muestran los documentos administrativos correspondientes.

En 1103 Yusuf hizo reconocer a su hijo Ali Yusuf Tasufin como heredero en Córdoba, repitiendo la proclamación efectuada el año anterior en Marrakech, y allí volvió, tras disponer algunas cuestiones en Al Ándalus, como el envío del gobernador de Granada, Ali al Hayy a Valencia, donde permaneció desde noviembre de 1103 a junio de 1104, pues sabiendo entonces que Alfonso VI sitiaba Medinaceli, contra él fue, pasando por Calatayud, desde donde pidió refuerzos al caíd Abu Muhammad Fatima; ambos se dirigieron hacia Toledo, y atacaron Talavera, muriendo entonces al Hayy.

El balance conquistador de los almorávides en tiempos de Yusuf Tasufin se apunta los éxitos de la recuperación de Valencia y de algunas de las plazas portuguesas cedidas por la taifa de Badajoz (sobre todo Lisboa), y por la recuperación de las tierras ocupadas por Alfonso VI entre Toledo y Córdoba, tradicionalmente llamadas de la mora Zaida, de modo que, sin lograr Toledo, los almorávides volvieron a asomarse al Tajo, en algunos tramos.

En 1105 se difundió por Al Ándalus la noticia de que el emir Yusuf estaba enfermo, y cundió la pena, sobre todo entre los encargados de la administración, señala expresivamente Ibn Idari, que ofrece la primicia de una algara de Alfonso VI contra tierras de Sevilla, atajado por los generales de Sir, desde Sevilla, y por Musa, hijo de Ali al Hayy, desde Granada.

Se iba agravando el emir almorávide, acudiendo a Marrakech, a su lado, su hijo Tamim, desde el Levante de Al Ándalus, mientras el heredero presunto, Ali Yusuf Tasufin empezaba a tomar las riendas del poder, y así fue él quien envió una carta a Sevilla, destituyendo al caíd. El 2-IX-1106 se agravó la enfermedad del emir Yusuf, y murió en su alcázar de Marrakech. Ibn Abi Zar es la única fuente que señala que murió centenario, lo cual parece increíble, por la evolución de su cronología y porque ningún otro lo indique.

El principal modo de apreciar el carácter y transcendencia de Yusuf Tasufin es deducirlo de sus actuaciones, filtradas por las crónicas. Resulta así buen gobernante, enérgico y legalista, y en todo ello debió sobresalir, cuando se lo reconoce incluso la I Crónica General de España, asegurando que defendió muy bien su tierra y mantuvo a sus súbditos con justicia, sabiendo reprimir a los revoltosos. Las fuentes musulmanas, por su lado, ensalzan sobre todo su religiosidad, dado a rezos frecuentes, su templanza al castigar, sus distinciones a Alfaquíes y ulemas -doctores de la ley mahometana-, obedeciéndoles en todo, su realismo, su capacidad para defenderse de los enemigos y su esfuerzo permanente en el gobierno, sin descanso.

Viguera Molins, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, T. Tomo VIII. 2 págs. 49-54. y Deepseek 22:26 20/05/2025

Ali Yusuf Tasufin 1106-1143

Emir almorávide

El Imperio almorávide en su máxima extensión, alcanzada durante los primeros años del reinado de Ali.

Hijo de Yusuf b. Tasufin, pero no de su esposa Zainab (que muere en 1071), sino de una esclava cristiana, acaso española, de nombre Qamar (Luna), fue educado por su padre en sus mismos hábitos de austeridad y puritanismo, reconocido solemnemente como sucesor en Marrakech en 1102; es contemporáneo de los tres Alfonsos: el VII de Castilla, el I de Aragón y el I de Portugal.

El Imperio almorávide en su máxima extensión

El Imperio almorávide en su máxima extensión, alcanzada durante los primeros años del reinado de Ali.

Su reinado empieza con sublevaciones en África, pues su sobrino Yahya b. Abi Bakr se niega a reconocerle, creyéndose con mejores derechos por ser hijo del primogénito de Yusuf, y tiene que someterle a la fuerza. Según Ibn Al Jatib, con referencias en Ibn Jaldún, el mismo año de su advenimiento al trono vino Alí a España, nombrando gobernador de estos territorios a su hermano Tamin, que fija su residencia en Granada y al que sucede al poco tiempo en el cargo su hijo Tasufin, el cual, en 1108, consigue tomar la plaza de Uclés, pero refugiados los cristianos en la alcazaba, llaman en su auxilio a las tropas reales, y, al acudir, son estas sangrientamente derrotadas (batalla de Uclés o de los Siete Condes), hallando la muerte el hijo único del conquistador.

En 1109 viene el califa por segunda vez, verificando una campaña contra Talavera, que ocupa, así como Madrid y Guadalajara, sitiando la plaza de Toledo durante un mes, defendida por Alvar Háñez. En 1111 Sir b. Abi Bakr, el prestigioso general almorávide, ocupa Santarém, Badajoz, Oporto, Évora y Lisboa y en el mismo año, tras la derrota de Abd Al Malik b. Hub (Imadodaula), es tomada Zaragoza. En 1114 tiene lugar una expedición por Muhammad b. Al Hach, el conquistador de Zaragoza, contra Barcelona, sin resultado positivo, sufriendo, en cambio, en su retirada el desastre del Congest de Martorell.

Ibn Al Jatib cita una tercera venida de Alí en 1117, en la que sitia Coímbra. En 1118 Zaragoza es tomada por Alfonso el Batallador y al ir en su auxilio el hermano del Califa Ibrahim b. Yúsuf, es vencido en Cutanda (1120), cayendo posteriormente en poder del aragonés Daroca, Alagón, Magallón, Bubierca, Borja, Tarazona, Epila, Ricla, Ariza, Medinaceli, Monreal y, posteriormente, Mequinenza; al sitiar Fraga será detenido y muerto (1134).

En 1119 ó 1120 una sublevación en Córdoba contra los almorávides obliga a Alí a volver a España, llamado por el gobernador de aquella, Abu Bakr b. Rawwad y consigue con facilidad dominar la situación, pactando con los cordobeses.

En tiempo de Alí se ve aumentado el imperio con la toma de Baleares, venciendo fácilmente a la guarnición genovesa que allí había después de su conquista por Ramón Berenguer III. Pero el hecho más notable del reinado que nos ocupa para la Historia de España es la famosa expedición de Alfonso I el Batallador que, en 1125 y 1126, atraviesa toda la España musulmana, sitiando a Valencia, Alcira, Denia, Granada, etc., y que llega hasta Vélez-Málaga y Salobreña, sin sufrir más derrota seria que la de Arinsul o Arnizul (la actual Anzul, cerca de Lucena según Dozy). También en 1132-1133 Alfonso VII hace una incursión por tierras andaluzas, sin resultado alguno. Por otra parte, es en esta época cuando hacen su aparición en África los almohades, que van extendiendo su poder a costa del imperio almorávide, siendo ya el califa atacado en propia capital, donde muere poco después.

PERPIÑÁ, Enrique, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E. y Deepseek 22:26 20/05/2025

Tasufin Alí 1133-1145

Emir almorávide

Reacciones y últimos esfuerzos almorávides

Entre las reacciones que intenta el emir Ali contraponer a tanto desastre está su designación de su hijo Tasufin como gobernador de Granada, adonde llegó en diciembre de 1129, cuya actividad, referida por Ibn Idari, pronto fructifica, y aunque se empeña inútilmente en dirección a Toledo, por allí logra al menos, en verano de 1130, tomar el castillo de Azeca, defender territorios levantinos contra una incursión aragonesa, en 1131, uniendo sus fuerzas con las de Ibn Ganuna, gobernador de Córdoba, y con las de Yahya Ali Ganiya, gobernador de Murcia, presentarse en Sevilla, en el verano de 1132, para confortar a sus habitantes, derrotados por Alfonso VII en Azareda, marchando desde allí hacia el Occidente (que debe ser la zona extremeño-portuguesa central, y no el meridional Algarve) y derrotando una incursión de salmantinos.

En este último año, 1132, el emir Ali Yusuf Tasufin nombra a Tasufin gobernador de Córdoba, para contrarrestar las acometidas, por allí intensas, de los castellanos, quedando Granada gobernada por Abu Muhammad Al Zafir, el Azuel de las crónicas cristianas. Alfonso VII en 1133 algarea hasta Jerez, según Nazm Al yuman, sin que Tasufin salga a detenerlo, pero, en cuanto los cristianos se retiran, marcha contra Idanha-a-Vella (mal transcrita por los copistas como Intakia o Antaniya).

Últimas victorias y caída final

En 1134, destacándose ahora (ya el final almorávide) tropas andalusíes con sus jefes locales, de Lérida y Fraga, Ibn Iyad y Sad al Mardanis, vencen, junto a los almorávides, a Alfonso I de Aragón, cerca de Fraga, en 1134. No son sino contenciones temporales al avance cristiano, como también lo es la victoria de Tasufin frente a los castellanos, en la primavera de 1134, cerca del famoso lugar de Zallaqa, y en el otoño vuelve a batirse con ellos, en Albacar, reflejando Ibn Idari de forma imprecisa el resultado de este segundo encuentro.

Otra victoria logra Tasufin en 1136-1137, en lugar no bien identificado del Occidente de Al Ándalus, señalando Ibn al Qattan que tomó enseguida Escalona. En la ruina generalizada sobresale alguna personalidad almorávide, como Tasufin, hijo y heredero del emir Ali, y como el por entonces gobernador de Valencia Yahya Ali Ganiya. En estas, se agravó Ali Yusuf Tasufin, enfermo desde el año anterior, y convocó a Marrakech a su hijo Tasufin, el cual retrasó su partida para hacer frente a un ataque contra Úbeda y Baeza de los castellanos, que, estorbados por torrenciales lluvias de aquel otoño, debieron retirarse tras atacar Sabiote.

Al fin cruzó Tasufin el Estrecho, en enero de 1138, alcanzando Marrakech en marzo, ya retenido allí como heredero, pues su hermano Sir muere ese mismo 1138. Cuatro años después, el emir Ali fallecía, en su capital magrebí, el 11-II-1143. Ali Yusuf Tasufin no estuvo a la altura político-militar de su padre y antecesor, y fracasó rotundamente en su empeño de compensar su mediocridad a través del poder absoluto y anquilosado de los ulemas -doctores de la ley mahometana- malikíes. Tras casi cuatro décadas de emirato, dejó sentenciado al imperio almorávide, y su heredero Tasufin, a pesar de sus capacidades, no llegó a tiempo sino de asistir a su derrumbamiento. Los cronistas le alaban por valiente, legal y religioso, rayando en el ascetismo, caritativo y sencillo.

El breve emirato de Tasufin

Proclamado emir de los musulmanes tras la muerte de su padre, Tasufin fue el tercer y último emir almorávide de Al Ándalus, accediendo al poder tras un buen entrenamiento como gobernador de Granada y de Almería, luego de Córdoba, desde donde protagonizó, durante nueve años, la política almorávide en la Península. Desde que fuera nombrado sucesor, en 1138, su principal preocupación, en el Magreb, fueron los almohades, en continua progresión.

En su actividad andalusí demostró buenas dotes, pero fue retirado de la Península, cuando quizá solo él podía haber conjurado el alzamiento de los andalusíes contra los almorávides y los avances de Alfonso VII de Castilla y de Alfonso I de Aragón, que incitaban además esos alzamientos interiores, fomentando un nuevo periodo de taifas, aunque resultara de menor escala que el originado al caer el califato omeya. No pudo pasar a Al Ándalus Tasufin en los dos años que ejerció como emir de los almorávides, dedicado por entero a combatir a los almohades, ante los cuales cayó el 22-II-1145.

Epílogo: el fin del imperio almorávide

Dos emires más ocuparon el trono almorávide a continuación, cuando Al Ándalus ya estaba desligada de ellos: Ibrahim, hijo de Tasufin, niño aún cuando sucedió a su padre y depuesto enseguida por su tío Ishaq Ali, que tampoco tenía más de quince o dieciséis años. Tuvieron un poder muy restringido, casi solo nominal, pues ya casi no les quedaba imperio, que terminó con la entrada de los almohades en Marrakech, el sábado 24-III-1147, matando a los miembros de la dinastía almorávide, y alzándose con todo el Magreb tras apoderarse de Tánger y Ceuta, definitivamente entre mayo y junio de 1148. Los almohades ya habían comenzado su intervención en Al Ándalus, como a continuación veremos, pero abiertas así las puertas del Estrecho, pasaron sistemáticamente a conquistarlo.

Viguera Molins, Mª Jesús, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, T. VIII págs. 57-59. y Deepseek 22:26 20/05/2025
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