María Cristina de Borbón

Cristina de Borbón por Franz Xaver Winterhalter

Regente de la corona española en uno de los momentos más críticos para la monarquía María Cristina pudo pasar a la historia como símbolo de los ideales liberales. Cristinos se llamaron en efecto, las tropas que lucharon contra los carlistas. Sin embargo, la regente era persona muy sujeta a los principios del gobierno absoluto, y si se apoyó en el elemento liberal, fue para defender los derechos de su hija doña Isabel II a la sucesión de Fernando VII. Bien demostró sus inclinaciones políticas cuando, durante la mayor de edad de aquélla, fue centro del partido ultraconservador. Por dos veces salió desterrada de España, y su vida fue aún los suficientemente dilatada para presenciar el destronamiento de Isabel II y la restauración de los Borbones con su nieto Alfonso XII.

Hija de Francisco I, rey de las Dos Sicilias, y de María Isabel de España, María Cristina nació en Nápoles el 27 de abril de 1806. Su vida fue similar a la de tantas princesas, hasta que el 11 de diciembre de 1829 casó con Fernando VII de España, viudo de su tercera esposa María Amalia de Sajonia. Fruto de este matrimonio fueron la princesa de Asturias, Isabel (10 de octubre de 1830) y la infanta María Luisa Fernanda (30 de enero de 1832). En verano de este año enfermó el monarca gravemente, por lo que la reina fue encargada del despacho de los negocios públicos. Durante este periodo, el rey revocó la Pragmática Sanción de 1830 a instancias del ministro Calomarde; pero este codicilo fue destruido por la hermana de la reina, Luisa Carlota. Restablecido de su dolencia, el 4 de enero de 1833 volvió a encargarse el monarca del gobierno. Sin embargo, muy pronto María Cristina había de verse viuda (29 de septiembre) y puesta al frente del Estado en un momento de aguda crisis nacional.

Frente a los carlistas que se habían levantado en armas en el norte, María Cristina confió el gobierno a los elementos moderados del liberalismo. Pero los progresistas aspiraron a implantar la constitución de 1812. La agitación subversiva se manifestó en el transcurso de 1835 en motines, quemas de conventos y numerosos conatos de cantonalismo.

El 12 de agosto de 1836, hallándose la regente en la Granja, unos sargentos sublevaron a las tropas y exigieron a María Cristina la promulgación de la Constitución De Cádiz. Se inició entonces una etapa progresista, cuyas exageraciones decidieron por un momento, a la regente a pactar con don Carlos. Pero la reacción moderada de 1837 la hizo desistir de tal propósito.

No obstante, crecía cada día más la influencia del general Baldomero Espartero, triunfador de la guerra en el norte y caudillo de los progresistas por ambición e ideología. El choque entre la regente y el duque de la Victoria no tardó en producirse. En verano de 1840, con motivo de un viaje de las reinas a Cataluña, estalló claramente la disidencia. Don Baldomero favoreció la agitación progresista y se impuso a la regente. Ésta, hallándose en Valencia, renunció a la regencia el 12 de octubre de 1840. El 17 embarcaba para Nápoles en compañía de Fernando Muñoz, futuro duque de Riansares, su esposo morganático desde el 28 de diciembre de 1833.

De Nápoles, doña María Cristina se trasladó a París, donde intrigó para derribar la regencia de Espartero, auxiliada por el gobierno de Luis Felipe. Sus afanes tuvieron éxito con la caída del duque de la Victoria el 30 de junio de 1843. Al año siguiente regresó a España, autorizada por el ministerio de González Bravo. El 12 de octubre de 1844 se hizo público su matrimonio con el duque de Riansares. María Cristina intervino mucho en los primeros años del reinado efectivo de su hija. A ella se debieron los matrimonios de las princesas con Francisco de Asís y el duque de Montpensier (1846).

Partidaria de las formas más conservadoras, predicó a su hija el absolutismo, la abolición de las leyes constitucionales y la implantación de un régimen seudo teocrático. Disgustó a cuantos políticos ocuparon el poder. El pronunciamiento de la Vicalvarada/a> (junio de 1854) tuvo para María Cristina consecuencias desagradables.

Mientras su palacio era asaltado por las turbas y sus bienes secuestrados por los progresistas vencedores, ella huía a Portugal. En 1856 le fueron devueltos sus bienes. Aunque realizó frecuentes viajes a España, ya no intervino en la vida pública del país. Residió en París con su esposo don Fernando, y murió en su casa de campo, situada en Saint Adresse, junto a El Havre, el 22 de agosto de 1878

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, p. 192
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