Alfonso XI de Castilla

Reino Periodo Predecesor Sucesor
Castilla1312-1350Fernando IVPedro I
Alfonso XI y sus nobles. Libro de la Coronación de los Reyes de Castilla.

Alfonso XI, (1311-1350). Fue un monarca de glorioso reinar, el último de Castilla que llevó la espada de la Cristiandad contra el Islam en grandes empresas de Reconquista antes del reinado de los Reyes Católicos. Por otra parte, ante la inminencia del desencadenamiento de las apetencias políticas de la nobleza, supo conservar su autoridad por procedimientos justos, rápidos y enérgicos. Nada de más emocionante encierra la historia castellana que la recuperación del poder real por Alfonso XI, después de catorce años de una minoridad extremadamente calamitosa.

Alfonso empezó a reinar el 7 de septiembre de 1312, a causa de la muerte de su padre Fernando IV en Jaén. Contaba entonces, exactamente, un año y veintiséis días, pues había nacido en Salamanca el 13 de agosto de 1311. Muy pronto surgieron las primeras luchas para disputarse su regencia: de un lado, la madre, doña Constanza de Portugal, apoyada por el infante don Juan y todos los partidarios de la disminución del poder real; de otro, la abuela, la enérgica doña María de Molina, y el tío, el infante don Pedro, abnegado y esforzado caballero. Ambos bandos proclamaron sus respectivas regencias, sumiendo a Castilla en un estado caótico. El acuerdo de Palazuelos de 1314 resolvió provisionalmente la situación. Se concedió la regencia a los infantes don Pedro y don Juan y la custodia del niño a María de Molina.

Aunque no hubo coordinación de miras, las cosas andaron mejor. La muerte de los dos regentes en una empresa contra los granadinos (1319) reavivó las ambiciones de los grandes, ya solo contenidos por María de Molina. Cuando esta a su vez falleció, el 30 de junio de 1321, ya no hubo freno ni coacción. Los príncipes, don Felipe, don Juan Manuel y don Juan el Tuerto, campaban por sus anchas, atropellando las leyes y cometiendo todo género de desafueros. Jamás se había conocido tal anarquía. Esta fue la herencia que recogió Alfonso XI al ser proclamado mayor de edad el 13 de agosto de 1325, fecha en que cumplía catorce años.

Pesada carga para un mayor; cuánta más para un mozuelo como el nuevo soberano. Sin embargo, Alfonso no vaciló en el cumplimiento de su deber. Apoyándose en la facción del infante don Felipe, logró el acatamiento de Juan Manuel. No pudo lograr la del artero Juan el Tuerto, a quien tuvo que eliminar, de modo aleve, el 1 de noviembre de 1326, en Toro. No terminaron aquí las luchas, pues en 1327 rompió con su soberano el infante Juan Manuel, a quien se unió el favorito de Alfonso XI, Alvar Núñez de Osorio, caído en desgracia. Este fue asesinado por orden del rey y aquél se sometió en 1328.

Pero algo más tarde, en 1332, Juan Manuel, apoyado por Juan Núñez, representante de los intereses de las poderosas casas de Lara y Haro, renovó sus andanzas, esta vez con el auxilio de los reyes de Aragón y Portugal. Hubo combates en las fronteras, intentos de pacificación y nuevas intrigas, hasta que en 1338 fue reconocida la autoridad de Alfonso XI por Juan Manuel y firmada la paz con Aragón. En definitiva, habían transcurrido trece años antes de llegar a una pacificación efectiva del país.

Durante este lapso de tiempo, Alfonso XI no había olvidado la lucha contra el Islam, a la que se lanzó en 1327, a los dieciséis años de edad. Renovados sus ataques contra el granadino, este se vio tan amenazado que requirió la ayuda de los benimerines. Los marroquíes cruzaron el estrecho y expugnaron Gibraltar en 1333, en un momento en que Alfonso se hallaba retenido en el Norte por la tercera insurrección de Juan Manuel. Continuando las operaciones, con la cooperación de la flota catalana, los castellanos no pudieron evitar el paso del grueso del ejército benimerí, el cual puso sitio a Tarifa (1340).

La fortaleza resistió valerosamente, mientras acudía en su auxilio Alfonso XI, a quien acompañaban la nobleza castellana y cruzados franceses y portugueses. En la batalla del Salado (30 de octubre de 1340) los musulmanes sufrieron un irreparable desastre. Era su última intentona de cruzar el estrecho de Gibraltar. Alfonso XI resolvió definitivamente el problema del Estrecho conquistando Algeciras, plaza que se le rindió el 25 de mayo de 1344 después de un porfiado asedio de dos años. Cuando intentaba expugnar Gibraltar, murió de peste en el real ante esta plaza el 27 de marzo de 1350. Su prematuro fin tuvo consecuencias lamentables para la monarquía, cuya posición política sin duda hubiera consolidado, como lo demostró en la gloriosa ejecutoria de las cortes castellanas durante su reinado y en la magnitud de las reformas sociales y políticas que estas emprendieron bajo sus altos auspicios. Así su desaparición inaugura la tragedia de Pedro I el Cruel.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. I, págs. 148-149.
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