Isabel de Valois
Reina consorte de España (1559-1568), tercera esposa de Felipe II
Princesa de Francia, conocida como "Isabel de la Paz" por simbolizar el tratado que puso fin a las guerras entre España y Francia. Su muerte prematura truncó una vida de juventud y dio pie a una de las leyendas más oscuras sobre Felipe II.
Nacimiento
11 abril 1546, Fontainebleau
Matrimonio
1559 (por poderes en París)
Fallecimiento
3 octubre 1568, Madrid
Hijas
Isabel Clara Eugenia, Catalina Micaela
Introducción: La Paz de los Pirineos
Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II (1546-1568; reina consorte 1559-1568), fue llamada también Isabel de la Paz, porque vino a España con la rama de olivo del tratado de Cateau-Cambrésis, que ponía fin a la larga guerra sostenida entre la monarquía española y Francia en Italia y en las fronteras de los Países Bajos. En una de las cláusulas del mencionado convenio se estipulaba, de modo claro, que, renunciándose al proyectado enlace matrimonial entre la infanta y el príncipe don Carlos de España, se concedía su mano al Prudente, padre de su antiguo prometido.
El matrimonio con Felipe II
La ceremonia religiosa que anudaba los lazos matrimoniales entre Felipe II e Isabel de Valois (hija de Enrique II de Francia), se celebró en París, en el oratorio del Louvre, el 22 de marzo de 1559, representando al monarca de España el duque de Alba. Y así, una mañana de invierno de 1560, cruzó los Pirineos una comitiva que llevaba a su nuevo país a una joven soberana, pues Isabel, nacida en Fontainebleau el 11 de abril de 1546, aún no había cumplido los catorce años.
La salió a recibir don Felipe II, quien entonces, por contar treinta y tres años, se hallaba en la plenitud de su vida. El matrimonio con Isabel, su tercera esposa, pues antes la habían precedido doña Manuela de Portugal (1543-1545) y María Tudor (1554-1558), fue ratificado y consumado en la ciudad de Guadalajara.
Vida en la corte española
Desde aquel momento, la nueva soberana ocupó con dignidad el trono más poderoso del mundo, pues consta positivamente que era agradable, católica, modesta, piadosa y caritativa. Su salud no fue nunca muy buena, dejando presagiar un fin prematuro. En efecto, ya en 1564 estuvo dos veces al borde de la muerte. Mejoró en los años inmediatos, en cuyo lapso de tiempo asistió a las conferencias celebradas en Bayona entre su madre, Catalina de Médicis, y el duque de Alba (junio de 1565), que tanto dieron que hablar a los hugonotes de Francia.
El 12 de agosto de 1566 dio a luz a su primera hija, Isabel Clara Eugenia, y el 10 de octubre de 1567 a su segunda, la infanta Catalina Micaela. A consecuencia de su juventud, estos dos partos empeoraron más su ya delicada naturaleza. Solo con gran dificultad se repuso del alumbramiento de su segunda hija.
Muerte prematura y legado
Pocos meses después de su segundo parto, hallándose nuevamente embarazada, experimentó tales agobios que los médicos de la corte pronosticaron un fin fatal. Acertaron ellos en lo que les indicaba su ciencia y todos los cortesanos en sus temores, que se habían acentuado a partir de comienzos de septiembre de 1568. El 3 de octubre de 1568, la reina moría en Madrid a consecuencia de un tercer alumbramiento prematuro. Su muerte fue edificante por la resignación y espíritu cristiano con que, en su evidente juventud, aceptó el rudo decreto del destino. Su esposo la lloró y en su evidente desconsuelo, se retiró por algún tiempo a las soledades del monasterio de San Jerónimo. Pocos meses antes, el 24 de julio de 1568, había expirado el príncipe Carlos.
La leyenda negra
La simultaneidad de las fechas y el antecedente del primer pacto para el matrimonio de los dos príncipes (1558), sirvieron a los enemigos de Felipe II para forjar en los últimos decenios del siglo XVI una vil leyenda, que luego propagaron y difundieron los románticos del XIX, en particular con el don Carlos
de Schiller y el Filippo
de Alfieri. Según ella, el primogénito de Felipe II se habría enamorado de su madrastra, y, correspondiéndole esta, los dos habrían sucumbido a los celos del Prudente. Ningún documento histórico sirve de apoyo a esta versión melodramática de unos hechos simples, detallados y coherentes.
Conclusión
Isabel de Valois, más allá de las leyendas, fue una reina joven, piadosa y querida en la corte española, que trajo consigo la paz entre dos grandes potencias. Su temprana muerte a los veintidós años truncó una vida llena de posibilidades y sumió a Felipe II en un profundo pesar. Su legado perdura en sus hijas y en el recuerdo de una paz que llevó su nombre.
Nubeluz — El pasado siempre tiene nuevas capas.
Fuente: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, T. II, pág. 8.
Edición: Historia Universal / Nubeluz.