Carlos III

Detalle de su escultura yacente en el sepulcro de la Catedral de Pamplona (Janin Lomme de Tournai, 1416)

CARLOS III EL NOBLE, rey de Navarra (1361-1425; 1387-1425) [Mantes-Olite]. Hijo primogénito de Carlos II el Malo y de doña Juana. El carácter de Carlos III el Noble es totalmente opuesto al de su progenitor. Durante su reinado solucionó pacíficamente las diferencias habidas con el monarca francés y consolidó las buenas relaciones del reino navarro con los Estados vecinos. Carlos III es un monarca constructor: buena parte de la catedral gótica de Pamplona y el palacio de Olite se deben a su munificencia.

Contrajo matrimonio con doña Leonor de Trastámara, hija de Enrique II, rey de Castilla, cumplimentando las propuestas formuladas por el legado pontificio Guido en Santo Domingo de la Calzada (1372). Los esponsales se celebraron en Briones (1372), y el matrimonio en Soria (1375). Carlos III el Noble y doña Leonor fueron jurados herederos del trono de Navarra, en Pamplona, al año siguiente (1376).

Carlos III fue comisionado por su padre para solucionar algunos problemas en la corte francesa, siendo hecho prisionero (1377) por Carlos V el Sabio, rey de Francia. Permaneció en la prisión algunos años, hasta que consiguió la libertad (1383) por intercesión de su cuñado Juan I, rey de Castilla, al que ayudó militarmente cuando pretendió alcanzar el trono de Portugal (1383) y cuando se defendió de los ejércitos levantados por los yernos ingleses de Pedro I de Castilla, que pretendían arrojar a la Casa de Trastámara del trono (1385).

La muerte de Carlos II el Malo sorprendió a su hijo en la corte castellana (1387), donde residía con su familia. Carlos III el Noble se presentó seguidamente en Pamplona para hacerse cargo del reino: su política castellanista le valió la devolución de ciertas plazas navarras antes de cumplirse el plazo fijado en la paz de Briones. Durante todo su gobierno, esta política de buena amistad con los reyes de Castilla fue cordial, aunque en determinados momentos estuvo dificultada por la posición adoptada por doña Leonor de Trastámara, la esposa de Carlos II el Noble, que se refugió en los Estados de su hermano Juan I, quizá impelida por los celos, y no quiso volver al solar navarro a pesar de las gestiones de Juan I (en 1390) y Enrique III (en 1394), hasta que el mismo Pontífice y el rey don Carlos III el Noble empeñaron su palabra, prometiendo que no le ocurriría nada malo.

Reintegrada doña Leonor a Navarra (1395) donde durante las ausencias de su marido actuó de gobernadora, fue coronada en Pamplona (1403), poco después de la muerte del infante don Carlos. Un testimonio evidente de la colaboración navarro-castellana lo vemos en la detención del duque de Benavente, efectuada por Carlos III el Noble, cuando fue requerido para ello en (1410) por doña Catalina, regente durante la minoría de Juan II, rey de Castilla. El mismo Juan II, rey de Castilla, evidenció esta buena amistad cuando se ofreció como padrino del bautizo (1421) del infante don Carlos, el futuro príncipe de Viana. Y finalmente, Carlos III el Noble intervino en la solución de diferencias que posteriormente separaron a los reyes de Aragón y Castilla (1425).

A esta línea continua que ofrecen las relaciones navarro-castellanas, frente a la que vemos en el reinado de Carlos II el Malo, corresponde otra paralela con respecto a los reinos francés e inglés. La plaza de Cherbourg, que había sido entregada a los ingleses en prenda, fue devuelta (1393) por Ricardo II, rey de Inglaterra. Recuperada tal plaza, Carlos III el Noble deseó zanjar definitivamente el problema de los antiguos condados franceses que habían pertenecido a la casa real navarra. Sus primeras gestiones en la corte francesa (1397) no fueron coronadas por el éxito, pues tuvo que regresar de París (1398) sin conseguir nada. La posterior gestión (1399) del obispo de Pamplona, Martín de Zalba, permitió la reanudación de las negociaciones mediante el viaje de Carlos III a Francia, quien, no fiándose de los salvoconductos del francés, redactó su testamento y dejó órdenes secretas para el supuesto caso de que fuese hecho prisionero (1403).

Pero las desconfianzas del navarro salieron fallidas, pues al año siguiente (1404), Carlos el Noble y Carlos VI de Francia firmaban el acuerdo de París por el que recibía aquel el condado de Nemours y el título de duque y par de Francia, a cambio de los derechos sobre los condados de Champagne y Brie y el la entrega de la ciudad de Cherbourg y título de conde de Evreux. A partir de este momento, Carlos III el Noble fortalece los lazos de amistad con algunos personajes franceses, casando algunas de sus hijas con nobles galos: así, doña Beatriz casó (1406) con Jaime de Borbón, conde de la Marche; doña Blanca, viuda del rey Martín de Sicilia, fue prometida de don Luis de Baviera (1409), aunque tal matrimonio no llegó a celebrarse; doña Isabel casó (1418) con Juan, conde de Armagnac, enemigo del monarca navarro poco antes cuando el de Armagnac atacó (1415) las posesiones del conde de Foix, otro yerno de Carlos III el Noble. El monarca navaro, después del acuerdo de París, intervino (1406) notablemente como mediador entre los bandos rivales de Orleáns y Borgoña, tras el asesinato cometido en la persona del duque de Orleáns.

Las relaciones de Carlos III el Noble con Aragón fueron siempre cordiales. Poco después de su exaltación al trono, pactó (1388) con el duque de Gerona el casamiento de su hija primogénita doña Juana con don Jaime, primogénito del duque; acordaron además que, en caso de morir Carlos III el Noble sin hijos, le sucederían los futuros desposados; pero este matrimonio no llegó a celebrarse. Años más tarde, Carlos III el Noble y Martín el Humano, rey de Aragón, se entrevistaron en la frontera de ambos reinos (1402), entre Cortes y Mallén, para confirmar los convenios sobre el matrimonio de doña Blanca, hija del navarro, con don Martín, rey de Sicilia y primogénito del aragonés. Solucionado el interregno mediante el Compromiso de Caspe, Carlos III el Noble ayudó (1413) a Fernando I, el de Antequera, a reducir a don Jaime, conde de Urgel, comisionando seguidamente una embajada para que asistiese a la coronación del nuevo monarca aragonés (1414).

La amistad de Carlos III el Noble con la nueva dinastía aragonesa se tradujo posteriormente en el enlace matrimonial del infante don Juan [II] de Aragón con doña Blanca de Navarra, la viuda de don Martín de Sicilia e hija de Carlos III el Noble, acordado en Olite en diciembre de 1419 y celebrado en Pamplona en el verano siguiente (1420). Las capitulaciones matrimoniales declaraban sucesor en el trono de Navarra al hijo o hija que naciese de este matrimonio, pues Carlos III se obligaba a no contraer nuevas nupcias ni a legitimar a ninguno de sus hijos bastardos: el primer fruto de este matrimonio fue el infante don Carlos, nacido en Peñafiel (1421) y educado en Navarra bajo la mirada de su abuelo Carlos III el Noble, que concedió a su primer nieto el título de príncipe de Viana, dos años más tarde (1423).

Frente a los problemas planteados por el Cisma de Occidente, Carlos III el Noble siguió la corriente predominante en Europa, en 1390 apartó al reino navarro, definitivamente, de la obediencia del papa de Roma, Urbano VI, para ponerse bajo la jurisdicción del papa de Avignon, Clemente VII. Y muerto este Pontífice (1394), acató a su sucesor Benedicto XIII, hasta que, celebrado el Concilio de Constanza y elegido Martín V, negó (1417) su obediencia a Benedicto XIII para acatar al Papa de Roma.

Carlos III el Noble mejoró notablemente los fueros de algunas poblaciones y procuró la unión de los barrios que integraban la ciudad de Pamplona, acabando con sus disensiones al ordenar la demolición de las murallas que los separaban (1423). El tardío nacimiento de sus hijos varones y la muerte de algunas de sus hijas precisaron la frecuente reunión de las Cortes para jurar heredero del reino; así, doña Juana, la primogénita, fue jurada heredera en 1390; nacido el infante don Carlos (1397), fue jurado al año siguiente (1398); en 1402, fallecidos los infantes Carlos y Luis, nuevamente fue declarada heredera doña Juana, que murió a los pocos años (1413), quedando como presunta heredera la infanta doña Blanca, reina viuda de Martín de Sicilia y esposa de Juan [II] de Aragón.

Durante el reinado de Carlos III el Noble se comenzó (1396) y terminó la reconstrucción de la catedral gótica de Pamplona y la edificación de los palacios reales de Tafalla y Olite.

El último monarca de la Casa de Evreux se casó (1375) en Soria con doña Leonor de Trastámara. Fue padre de la infanta Juana (1382-1413), casada con Juan, conde de Foix; María, muerta soltera (1406); las dos gemelas Blanca (1386-1442) y Beatriz (1386-1406), reina aquella heredera de la corona navarra, y casada esta con el conde de la Marche; Isabel (1396), que murió a los nueve años; otra Isabel, casada con Juan IV, conde de Armagnac; Carlos, que vivió pocos años (1397-1402); Luis (1399-1400); y Margarita, que falleció seguidamente. De María Miguel de Esparza tuvo a don Lancelot, que fue administrador apostólico de la diócesis de Pamplona. El padre Alesón señala como hijos bastardos de Carlos III el Noble a don Godofre de Navarra, que fue mariscal del reino, y a doña Juana de Navarra, que se casó con don Iñigo de Estúñiga. Otra hija bastarda llamada Juana casó con Luis de Beaumont.

Carlos III el Noble murió en Olite el día 8 de septiembre de 1425; fue enterrado en la catedral de Pamplona, junto a su esposa doña Leonor, que había fallecido el año 1415.

UBIETO ARTETA, Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. A-E
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