Alfonso II el Casto
Rey de Asturias (791-842)
Considerado el monarca que salvó a la España cristiana tras medio siglo de reinado. Estableció la capital en Oviedo, restauró el orden gótico y resistió con éxito los reiterados embates musulmanes, consolidando el reino asturiano como baluarte de la cristiandad.
Nacimiento
c. 760
Reinado
791-842
Fallecimiento
842, Oviedo
Apodo
El Casto
Sucesión al trono asturiano
Introducción: El Casto
Alfonso II el Casto (c. 760-842), rey de Asturias entre 791 y 842, fue una de las figuras más decisivas de la monarquía asturiana. Hijo de Fruela I, su largo reinado de medio siglo consolidó el reino frente al poder musulmán. Como señala el historiador Claudio Sánchez-Albornoz, «Alfonso el Casto salva a la España cristiana», pues a través de su reinado hizo frente con varia fortuna, pero al final con éxito, a repetidos y recios embates de los musulmanes, asegurando la supervivencia del núcleo de resistencia cristiano en el norte peninsular.
Ascenso al trono y capital en Oviedo
Después del intento, que hizo fracasar Mauregato, de hacerle rey a la muerte de su tío Silo, Alfonso no fue ungido en el reino hasta el año 791, por renuncia de Vermudo I. En el año undécimo de su reinado (801-802), fue expulsado del trono y recluido algún tiempo en el monasterio de Abelania (Ablaña), de donde lo sacaron, restituyéndole al trono de Oviedo, Teuda y otros fieles.
Una de las primeras preocupaciones del nuevo monarca fue el establecimiento de la capital en Oviedo. Allí construyó un palacio, levantó el templo del Salvador, fundó una iglesia de San Tirso y edificó de nuevo, o restauró, otra iglesia dedicada a San Julián y Santa Basilisa, inmediata a Oviedo y aún conservada (San Julián de los Prados o Santullano). Esta preocupación constructora revela un empeño que ha de responder al mismo impulso que movió al rey, según dicen las crónicas, a restaurar el orden gótico en el palacio y en la iglesia.
Ataques musulmanes y resistencia
Los ataques musulmanes no se hicieron esperar. Después de una primera expedición de Abd Al Malik contra Álava en 792, Hisham I organizó una gran campaña en la que participaron dos ejércitos. El primero, después de tomar y saquear Oviedo, sufrió un sangriento descalabro en una emboscada que le tendió Alfonso II en el lugar cenagoso de Lutos, al borde de una vieja calzada romana.
En 795, Abd Al Karim avanzó hasta Astorga dispuesto a penetrar en Asturias. Alfonso fue derrotado y hubo de retirarse en franca huida, sacrificando su caballería en un combate de detención a orillas del río Quirós, y abandonando sus tesoros y aprovisionamientos guardados en Oviedo. Como compensación, otro ejército musulmán que había estado saqueando Galicia fue derrotado por los cristianos.
En 816, Alfonso tuvo que enfrentarse de nuevo con Abd Al Karim, que había penetrado en Galicia, logrando derrotarlo en Narón y en Anceo. Tras una tregua de quince años, una gran expedición contra Galicia hizo tal matanza de cristianos que, según los cronistas musulmanes, «las cabezas solas formaban montones tan altos como colinas». En 840 y 841, el propio Abd Al Rahman y su hijo Motarrif mandaron nuevas expediciones, pero no lograron ningún resultado decisivo. El reino asturiano estaba bien afirmado.
Relaciones con el Imperio Carolingio
Ante la creciente amenaza musulmana, Alfonso hubo de dirigirse en busca de apoyo al reino franco, cuya atención hacia la pequeña monarquía había sido atraída por los ecos de las controversias suscitadas por el adopcionismo. Empezó por enviar embajadores a Tolosa, donde tenía su corte Luis, el hijo de Carlomagno, que gobernaba la Aquitania.
En 797, una embajada de Alfonso fue recibida por Carlomagno en Herrstahl. En la primavera o verano siguiente, el rey asturiano se permitió una atrevida cabalgada en la que llegó a apoderarse de Lisboa, hazaña de la que dieron cuenta orgullosamente sus emisarios a Carlomagno en Aquisgrán aquel mismo otoño. Estas relaciones diplomáticas reflejan la creciente importancia del reino asturiano en el contexto europeo de la época.
Gobierno y legado cultural
La nueva ciudad de Oviedo tenía condiciones excepcionalmente favorables para ejercer la capitalidad de una pequeña nación guerrera, continuamente amenazada de invasión, pues desde la colina en que había sido edificada dominaba todas las vías de acceso a Asturias, estando a la vez protegida por un elevado cerco de montañas.
Alfonso II impulsó la restauración del orden gótico, reflejado años más tarde en la Crónica Albeldense que titula su historia de los reyes asturianos «Ordo gothorum Obetensium regum». Esta visión de continuidad con el reino visigodo fue fundamental para legitimar la monarquía asturiana como heredera de la tradición hispánica.
Algún tiempo antes de su muerte, había recibido en su reino al bereber Mahmud ibn Abd Al Chabbar, que se había rebelado contra Abd Al Rahman II en Mérida y al que Alfonso cedió el castillo de Santa Cristina. Allí quiso también rebelarse, pero fue vencido y muerto en mayo de 840.
Alfonso II murió célibe en el año 842, pudiendo rememorar con satisfacción la obra de sus cincuenta años de reinado. Su apodo «el Casto» hace referencia a su fama de castidad, al no haber dejado descendencia.
Nota del Diccionario de Historia de España
«Alfonso II el Casto (c. 760-842). Rey de Asturias. Su largo reinado fue decisivo para la monarquía asturiana, que él afirmó con voluntad segura. Estableció la capital en Oviedo, restauró el orden gótico y resistió con éxito los reiterados embates musulmanes. Ha sido considerado el salvador de la España cristiana.»
La obra destaca su excepcional capacidad de resistencia y organización, que lo convirtió en el pilar sobre el que se consolidó el reino asturiano frente al poder del Emirato de Córdoba.
Conclusión: El salvador de la España cristiana
Alfonso II el Casto representa el arquetipo del monarca que supo defender y consolidar un reino en circunstancias adversas. Su reinado de medio siglo no solo aseguró la supervivencia del núcleo de resistencia cristiano en el norte peninsular, sino que sentó las bases institucionales, culturales y territoriales que permitirían la posterior expansión de los reinos cristianos.
La elección de Oviedo como capital, la restauración del orden gótico como elemento legitimador y la hábil combinación de resistencia militar y diplomacia con el Imperio Carolingio demuestran la visión de un gobernante excepcional. Sin su legado, la Reconquista no habría contado con la base territorial sólida que hizo posible los posteriores avances hacia el sur.
Alfonso II el Casto sigue siendo símbolo de la tenacidad asturiana y del espíritu de resistencia frente a la adversidad, un verdadero salvador de la España cristiana en sus momentos más críticos.
Nubeluz — El pasado siempre tiene nuevas capas.
Fuentes: L. Vázquez de Parga, C. Sánchez-Albornoz, Crónicas Asturianas, Diccionario de Historia de España.
Edición: Historia Universal / Nubeluz.